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¿Qué tienen en común tu presentación y tu cocina?

Qué difícil es resumir. Quitar mensajes, renunciar a ideas, elegir la versión corta. Porque elegir es renunciar y eso, en general, no nos gusta. Sin embargo, me atrevería a decir que es la clave del éxito.

Porque cuando resumes, ordenas. Y cuando ordenas, afinas. 

El otro día, tras años convencida de que tenía serias dificultades de disciplina para mantener en orden mi estrecha cocina, y tras barajar qué tipo de muebles mágicos podría comprar para mejorar la situación, una cuenta de Instagram me dio la clave. No tengo un problema con mi cocina ni por su tamaño ni por falta de disciplina. No necesito más muebles. Me sobran cosas. Tengo platos y vasos para invitar a comer a todo mi edificio.

Con la comunicación pasa algo parecido. Hemos acumulado tantas ideas por el camino que vamos de una a otra sin renunciar, como si todas aportaran valor. Y el resultado, claro, no funciona. Por mucho que te esfuerces en ordenar. Vajillas fuera. Primero debes resumir.

¿En qué momento del proceso afino?

 

Mi experiencia:

  • Creas un contenido
  • Lo estructuras (con mensajes clave)
  • Lo ensayas
  • La gente se suele quedar aquí. ¿Te atreves a seguir?
  • Sacas la tijera. Renuncias a ideas, a diapositivas, a mensajes que a quien te escuche no le van a resonar (aunque a ti sí, pero recuerda: tú no eres el protagonista de esta historia, sino quien te escucha)
  • Reestructuras un poquito el contenido si hace falta
  • Lo ensayas en voz alta, cronometrando el tiempo
  • Metes la tijera un poco más (que sí, que siempre se puede un poco más)
  • Y ensayas, esayas, ensayas.

 

No, no es fácil. Tampoco difícil. Sencillamente, requiere de más tiempo (ay, invertir tiempo en mejorar en vez de ponernos en modo automático). Pero como todo, es una cuetión de hábito. Y de compromiso con quien te escucha.

Así que, recuerda: resume, ordena, afina. Mete la tijera como parte del proceso. Venderás mejor tus ideas.

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